Cuando una interrupción pone en riesgo a todo un país
La seguridad energética suele pasar desapercibida cuando el suministro funciona con normalidad. Sin embargo, basta una falla crítica para evidenciar hasta qué punto la economía, la industria, el transporte y la vida cotidiana dependen de un sistema energético confiable y resiliente.
Eso fue precisamente lo que ocurrió en Perú durante marzo de 2025, cuando el país enfrentó la crisis energética más severa de su historia reciente. La paralización inesperada de la infraestructura encargada de transportar gas natural y líquidos de gas natural desde el yacimiento de Camisea desencadenó una serie de consecuencias que afectaron el abastecimiento de combustibles, la generación eléctrica, la actividad industrial y los costos energéticos para millones de personas.
Más allá de las afectaciones inmediatas, este episodio dejó una lección de gran relevancia para toda América Latina: la necesidad de fortalecer la seguridad energética mediante infraestructura adecuada, diversificación de fuentes de suministro y una planificación estratégica de largo plazo.
Camisea: el corazón energético del Perú
Para comprender la magnitud de la crisis es necesario entender el papel que desempeña el Proyecto Camisea dentro de la matriz energética peruana.
Ubicado en la selva sur del país, este complejo energético suministra aproximadamente el 95% del gas natural consumido a nivel nacional. Su producción abastece centrales termoeléctricas, industrias, comercios, hogares y una parte importante del parque vehicular.
Además, los líquidos de gas natural extraídos en Camisea son transportados hasta plantas de procesamiento donde se produce Gas LP, combustible que cubre cerca del 70% de la demanda nacional.
En otras palabras, una parte significativa de la economía peruana depende directa o indirectamente de la operación continua de esta infraestructura. Cuando el sistema se detuvo de manera repentina, el impacto se extendió rápidamente a prácticamente todos los sectores productivos.
El origen de la emergencia
La crisis comenzó el 1 de marzo, cuando una deflagración obligó a suspender las operaciones tanto del sistema de transporte de gas natural como del sistema de transporte de líquidos de gas natural.
Como consecuencia, el suministro energético del país sufrió una reducción drástica en cuestión de horas. El flujo de gas natural disminuyó cerca del 90%, generando una situación sin precedentes para el mercado energético peruano.
A esta problemática se sumó un contexto internacional complejo. Los conflictos geopolíticos en Medio Oriente habían provocado tensiones en los mercados energéticos globales, reduciendo la disponibilidad de embarcaciones para el transporte de combustibles y elevando los precios internacionales del GLP y otros energéticos.
Por tanto, sustituir rápidamente la producción local mediante importaciones resultó mucho más difícil y costoso de lo que normalmente hubiera sido.
El impacto sobre la generación eléctrica
Uno de los primeros sectores afectados fue el sistema eléctrico nacional.
Las centrales térmicas alimentadas con gas natural generan aproximadamente el 40% de la electricidad consumida en Perú. Al reducirse drásticamente el suministro de combustible, las autoridades tuvieron que activar mecanismos de contingencia para garantizar la continuidad del servicio.
La respuesta incluyó una mayor utilización de centrales hidroeléctricas y la entrada en operación de la denominada reserva fría, conformada principalmente por plantas termoeléctricas que utilizan diésel.
Si bien estas medidas evitaron interrupciones masivas en el suministro eléctrico, también incrementaron significativamente los costos de generación, trasladando presión económica al sistema energético nacional.
La crisis del Gas LP y sus efectos en la población
Mientras el sistema eléctrico logró responder mediante mecanismos alternativos, la situación fue mucho más compleja para el mercado del Gas LP.
La paralización de la producción nacional afectó directamente a millones de consumidores que dependen de este combustible para actividades esenciales. Actualmente, siete de cada diez hogares peruanos utilizan GLP para cocinar, lo que representa aproximadamente siete millones de familias.
Asimismo, cientos de miles de vehículos operan con este combustible, además de una gran cantidad de comercios, restaurantes, pequeñas empresas e industrias.
Durante las semanas posteriores a la emergencia, los inventarios comenzaron a disminuir rápidamente. Las terminales enfrentaron una presión operativa extraordinaria y la logística de distribución experimentó importantes dificultades.
Como resultado, se registraron retrasos en el abastecimiento, saturación de instalaciones, incremento en los costos logísticos y aumentos significativos en los precios finales para los consumidores.
Para muchas familias, esto significó un impacto directo en su economía doméstica, mientras que numerosas empresas tuvieron que enfrentar mayores costos operativos en un entorno ya complicado.
Industria y transporte: los sectores más afectados
El impacto económico de la crisis fue particularmente severo para la actividad productiva.
Cerca de mil industrias se vieron obligadas a detener parcial o totalmente sus operaciones debido a las restricciones en el suministro energético. Esta situación generó pérdidas económicas, retrasos en la producción y afectaciones en diversas cadenas de suministro.
Por otro lado, los vehículos que utilizaban gas natural tuvieron que migrar temporalmente hacia combustibles más costosos. En algunos casos, los gastos operativos llegaron a triplicarse, afectando especialmente a empresas de transporte, logística y distribución.
Naturalmente, estos incrementos terminaron reflejándose en los precios de diversos productos y servicios, generando un efecto inflacionario que alcanzó a gran parte de la economía nacional.
Lo que la crisis reveló sobre la seguridad energética
Más allá de la emergencia puntual, el episodio dejó al descubierto vulnerabilidades estructurales que ya existían dentro del sistema energético peruano.
Una de las principales es la elevada dependencia de una sola fuente de suministro. Aunque Camisea ha sido fundamental para el desarrollo energético del país durante las últimas dos décadas, concentrar gran parte de la producción nacional en una única infraestructura incrementa considerablemente los riesgos operativos.
De igual manera, la dependencia de dos ductos principales para transportar gas natural y líquidos de gas natural limita la capacidad de respuesta ante eventos inesperados.
Cuando una interrupción afecta estos sistemas, las alternativas disponibles resultan insuficientes para compensar rápidamente la pérdida de suministro.
La importancia del almacenamiento estratégico
Otro aspecto que quedó en evidencia fue la necesidad de fortalecer la infraestructura de almacenamiento energético.
Los inventarios cumplen una función esencial durante situaciones de emergencia, ya que permiten amortiguar interrupciones temporales mientras se restablece la producción o llegan suministros alternativos.
Sin embargo, cuando la capacidad de almacenamiento es limitada o está concentrada en determinadas regiones, la capacidad de respuesta se reduce considerablemente.
Por esta razón, diversos especialistas coinciden en que la construcción de almacenamiento estratégico descentralizado constituye una de las herramientas más efectivas para fortalecer la resiliencia energética de cualquier país.
Diversificación: una necesidad, no una opción
La experiencia peruana demuestra que la seguridad energética no depende únicamente de la disponibilidad de recursos naturales.
También requiere contar con múltiples fuentes de suministro, diferentes rutas logísticas, infraestructura redundante y mecanismos que permitan responder rápidamente ante contingencias técnicas, económicas, sociales o geopolíticas.
En un contexto global caracterizado por conflictos internacionales, fenómenos climáticos extremos y mercados energéticos cada vez más interconectados, la diversificación deja de ser una recomendación para convertirse en una necesidad estratégica.
Por ello, los países que buscan garantizar su competitividad y estabilidad económica deben considerar inversiones permanentes en infraestructura, almacenamiento y seguridad energética.
Lecciones para América Latina
La crisis energética vivida por Perú constituye un caso de estudio para toda la región.
Muchos países latinoamericanos enfrentan desafíos similares relacionados con la concentración de infraestructura crítica, la limitada capacidad de almacenamiento y la dependencia de determinadas fuentes de suministro.
Por tanto, esta experiencia ofrece una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de anticipar riesgos antes de que se conviertan en emergencias nacionales.
La seguridad energética no debe entenderse únicamente como un tema técnico o empresarial. Se trata de un elemento fundamental para el bienestar social, la competitividad económica y el desarrollo sostenible de cualquier nación.
Conclusión
La crisis energética de Perú demostró cómo una interrupción inesperada puede desencadenar efectos en cascada sobre la generación eléctrica, el suministro de combustibles, la actividad industrial y la economía de millones de personas.
Si bien la emergencia fue superada, las lecciones que dejó continúan vigentes. Fortalecer la infraestructura energética, diversificar las fuentes de abastecimiento, ampliar la capacidad de almacenamiento y mejorar la planificación del sector son acciones indispensables para reducir riesgos futuros.
En un mundo cada vez más expuesto a eventos geopolíticos, climáticos y operativos, la seguridad energética se consolida como uno de los pilares estratégicos para garantizar el desarrollo y la estabilidad de los países.
Autor: Janine Delgado, Directora Ejecutiva SPGL
Consulte la edición completa de Mexicogas
La crisis energética que enfrentó Perú durante 2025 es un ejemplo de cómo la seguridad energética puede convertirse en un tema estratégico para gobiernos, empresas y consumidores. El análisis de este caso permite comprender mejor los desafíos asociados a la infraestructura, el almacenamiento de combustibles, la diversificación de fuentes de suministro y la resiliencia de los sistemas energéticos en América Latina.
Además, este tema forma parte de un panorama más amplio que incluye la evolución del mercado del GLP, las tendencias regulatorias, los retos logísticos y las oportunidades de desarrollo para la industria energética regional.
Si desea profundizar en este y otros temas de interés para el sector energético, puede consultar la Edición 62 de la Revista Mexicogas en el siguiente enlace:
👉 Edición 62 de Revista Mexicogas: https://cutt.ly/mexicogas62
Se parte de Nuestro Boletín
Sólo escribe tu correo electrónico y te haremos llegar las últimas noticias y e información de los próximos eventos referentes a la Industria del GLP en México y en el mundo.
